José María Serrano - escritor

Gargallo


Gargallo: léxico y toponimia



Este libro se terminó
de imprimir el 15 de agosto de 2013
dìa de la Asunción de la Virgen
en GRÁFICAS LON-TAMISH , S.L.
ZARAGOZA

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Nacido en Calamocha en 1936, y pronto muy vinculado a Gargallo, José Mª. Serrano Royo ya era a los 19 años Profesor Mercantil, y luego siguió estudiando diplomándose en lengua inglesa por la Universidad de Cambridge la "Royal Society of Arts" de Londres y el Instituto de Idiomas de la Universidad de Zaragoza, así cómo por la Escuela Oficial de Idiomas Nº. 1 de Zaragoza, 1975. Todo un récord de esfuerzo y perseverancia, premiado con un destino en Londres, como ahora diremos, ya que fué toda su vida profesional vinculada al Banco Exterior de España: durante 37 años trabajo en las sedes de Zaragoza, Barcelona, Londres y Vinaroz, regresando a Zaragoza, dónde se jubiló como director hace veinte años.

Hombre de gran vitalidad, gran aficionado a la música, teatro, fotografía, pintura, jardinería, remo, footing... es sobre todo un gran lector y un notable escritor. A causa de lo cual, y disfrutando de la amistad y debates con grupos de personas igualmente entusiastas y meritorias, es activo socio de la Agrupación Aragonesa de Amigos del Libro y de la Asociación Aragonesa de escritores. Colaborador de muchas revistas, lo hace habitualmente en Barataria, de la primera de las citadas, o Criaturas Saturnianas, de la segunda. Lo hizo en otras varias, entre las que se encuentra la mítica Samprasarana editada por el Colegio Santo Tomás de Aquino, fundado y dirigido por la familia Labordeta.

Asiduo a tertulias literarias, ha publicado una decena de libros,, tanto de narrativa como de ensayo histórico o poesía, y la recopilación festiva en Humor a mares., Y como todo escritor muy vocacional, se ha acercado a a otros géneros diferentes de la narrativa, la poesía y el ensayo, cuales son el teatro (han sido representadas dos obras: Tema: "El hombre", 1972 y "La chica Au-Pair", 2003. Y ha escrito nada menos que Veintidós letras de canciones para la Parodia Nacional de TV3, con las que en esta serie obtuvo varios primeros premios. Sus 77 cuentos breves y una historia interminable, fueron prologados por Joaquín Mateo Blanco que afirmaba su "fértil imaginación... domina los géneros, los argumentos y las palabras. Asombra a propios y extraños esta facundia y también esta fecundidad". Otro de sus libros principales es el que narra El insólito viaje de Pedro Cubero alrededor del mundo. Se lo prologó magníficamente Hipólito Gómez de las Roces, que fuera presidente de Aragón, querido y respetado, con sabias reflexiones sobre los viajes. Glosaba allí el viaje misionero de ese aragonés de El Frasno hacia el Extremo Oriente, cuya larga y admirable crónica José María Serrano amenizaba y acercaba, con comentarios y datos.

Le han acogido con gusto editoriales coma Mira o Certeza, aunque. también ha pasado por la gloria y la rabia de la edición propia. Y tiene otros siete inéditos, en inquieta espera. Pero, casi sobre todo, disfruta de la satisfacción de ver incluidos, seleccionados, sus libros, en muchas antologías recopiladas repetidamente por editoriales como Egido,, pero también en otras como Arquero, el Ayuntamiento y la Diputación de Zaragoza, La fragua del trovador, Zaragoza, la Tertulia Literaria Argensola„ Uriol, Cuadernos de Poesía, Unaluna Ediciones, Comuniter„ Zaragoza, 2008. Sus textos han merecido el Premio Búho en 1997; el Primer premio Club Bohemio, de la Tertulia Teatral de Zaragoza, 1998; y fue finalista o accésit en el Concurso de poesía Antonio Vidal, de 2002, y en varios concursos literarios de Ibercaja. Además„ tiene la Medalla al Medito Literario, otorgada por el Instituto Internacional de Estudios Poéticos de Quito, Ecuador (2006) y gano de nuevo el Primer premio en el VII Certamen Literario, de las Fiestas Actur 2007. Ha escrito muchas páginas de poesía, como las reunidas en La Condesa Campera y veintiocho más, de tono festivo, instando a la risa y la sonrisa. Citemos también las emotivas poesías dedicadas a su querido Gargallo en Fiestas de San Roque, en el libro Sentido y sentimiento o las que titula Vestigios áfonos. Como es lógico, en su pueblo de adopción, Gargallo, fue en 2002 Pregonero Mayor de las Fiestas Patronales, También ha escrito diversas semblanzas e historias del pueblo, asunto en el que se complementa con su hermana Félix Antonio, en páginas web y sitios diversos,

Como afirma en su Prólogo de Entre el cielo y la Tierra, relata en ese libro cosas que ocurrieron "cuando yo era joven, fuerte y vigoroso cuando mis hermosas plumas y potentes alas me permitían remontar a las alturas, alcanzar casi las cumbres y desde allí, con mi aguda vista, contemplar a mi antojo el paisaje, volar muchas horas sin cansancio, o mecerme dulcemente en el aire, observando cada valle, cada pico, cada rincón del mundo inferior". Son historias cuyos protagonistas "son unos muchachos que tenían en aquellos años aproximadamente la misma edad que ahora tenéis vosotros", dice a los jóvenes a quienes se dirige, recordándoles que "entonces no existían televisores, ordenadores, videos, cohetes espaciales, ni otras muchas cosas a las que ahora estáis acostumbrados". Esa vuelta a los orígenes generacionales, a un tiempo y unos pueblos casi del todo transformados, es una de sus constantes. La otra, ya aparecida allí, la preocupación por recoger y anotar "palabras y frases empleadas por estos chicos que no las conoceréis algunos de vosotros, por tratarse de expresiones de uso local, pero debo respetar su lenguaje, que junto con la forma de hablar del resto de las comarcas españolas, forma parte del acervo cultural de nuestro país". De ella surgirá en nuestros días el libro que me invita a presentar.

Y que acepté, aparte la instante presentación que nos hizo el común amigo (y de los libros) José Luis de Arce, porque no se puede negar apoyo moral, al menos, a quien tan esforzadamente ha dedicado sus años jubilares a la artesanía literaria y a su pueblo adoptivo. Como dije hace seis años largos, en un sentido y merecidísimo homenaje al gran andorrano que es Ángel Cañada, "para mí, un erudito local es alguien que, por circunstancias biográficas, reside en o se vincula a una localidad por lo general pequeña o media, a la que ama con todas sus fuerzas, y se interesa por cuanto ha pasado y pasa en ella, no con curiosidad morbosa, sino con deseo de abarcar, comprender, valorar la historia y el presente. Y ello, de modo científico, riguroso, serio, lo que no significa plúmbeo, como muchas veces resultamos los que andamos por la vida académica, universitaria". Pues bien, me satisface mucho poder volver aplicar ese criterio en el caso que nos ocupa.

Gargallo pertenece, por voluntad manifiesta de sus habitantes, a la comarca Andorra-Sierra de Arcos, en la que parece encontrarse perfectamente apreciado y valorado por todo el "Contorno". Me consta, porque siendo yo nacido hace setenta años en Andorra, encuentro con alguna frecuencia en las publicaciones del Centro de Estudios Locales de esa villa, el Ayuntamiento y la Comarca y otras entidades lo que pasa en este y los demás pueblos comarcanos que, parafraseando un acertado programa de la RTVA son "pequeños, pero no invisibles".

El libro es casi una pequeña enciclopedia sobre Gargallo, su historia, sus costumbres, y sobre todo su habla cotidiana, tanto castellano como aragonés. A nadie debe extrañar que a tantos kilómetros al sur del Ebro se conserven (se conservasen, hasta hace poco, en grave riesgo de desaparecer ahora) no sólo cientos de palabras aragonesas, a veces mezcladas con las reconocidas como peculiares insertas en el Diccionario de la RAE. En lo que no estoy muy de acuerdo con José María es en que los embates que fueron haciendo casi desaparecer el aragonés, desde Fernando II hasta hoy mismo, fueran de iniciativa popular, como dice: "los aragoneses otrora así lo decidieron, considerando la gran trascendencia de la lengua de Cervantes".

Eso es cierto, y sus caminos mucho más practicables allende las fronteras y los mares. Pero de ahí a, como se quejaba Anchel Conte hace más de cuarenta años, "deixar morir a nuestra boz", va un enorme trecho. Poco después de morir mi padre hace veinte años, editaron las Fuellas un cuidado artículo (revisado por Francho Nagore) sobre el habla de Alloza, al que remito a los interesados en esa comparación y contraste. Yo mismo recuerdo la mayoría de esas palabras, pero también las formas verbales, lo que. cuando chico oí perseguir mil veces, porque hablar así, en un residual aragonés, era "hablar mal". Se autocalifica humildemente Serrano de no filólogo, pero no es precisamente un "amateur" quien habla de léxico, fonética, morfosintaxis, pronombres clíticos, sinalefas, etc. Sabe de lo que habla.

Pero es que además, en este libro se aluden a tantas cosas que me son comunes, por vecindad, edad, vivencias, que me resulta próximo, familiar. Más que el aragonés genérico, que también, las palabras propias, habituales en Gargallo... y en el Alloza de mi infancia: la boira y el día nublo; tocar algo rusiente, sentarse cutio al carasol, tener gazuza y jamar pernil, amorrarse, emporcarse, esvarar... y tantos cientos más. Las palabras ni son inocentes, ni son frías e inexpresivas: llevan consigo emociones, además de significados, y la prueba es lo que sentimos al evocarlas. De todo tipo. Y también tenemos en común (yo me crié en Alloza, donde mi abuela fue maestra medio siglo) el patronazgo de San Blas y la ancestral devoción a San Roque. Y un apellido muy común en ambos pueblos, como Minguillón.

En la siguiente mitad o parte, se estudia la toponimia, para algunos árida cuestión, y para Serrano ocasión de hablar de muchos asuntos en torno a esas palabras que denominan lugares. Palabras que aluden o permiten recordar unas minas, una pequeña azucarera, ríos y balsas, la famosa fuente del Chorro y la constancia de lo tardísimo que se puso agua corriente en las casas, hace menos de cuarenta años. Y los molinos, y la Nevera de épocas preelétriicas. Y la Torreta, y la peculiar importancia que Gargallo tuvo como posible centro neurálgico ferroviario, aunque nunca llegara a serlo. Y las ventas, sobre todo la mítiica de La Pintada, cruce de caminos y alivio de carreteros y caminantes.

Hay otras muchas curiosidades e "investigaciones", vertidas en este libro con disfrute erudito (los eruditos que sufren buscando deberían dejarlo), y se cierra reproduciendo el párrafo que Madoz dedicó a Gargallo, cuya lectura le resulta al autor "más bien deprimente" por los errores y olvidos. En efecto, aunque no ocurre sino en algunos casos, éste parece haber sido uno de los casos de exceso de confianza de don Pascual en sus corresponsales, que a petición suya le enviaban los datos según una lista de preguntas. Lástima, porque la fuente es, por lo general, bastante buena para mediados del XIX, como podría contrastarse con otros diccionarios anteriores (Miñana) o posterioresres, muchos y muy variados y desiguales.

En fin, para terminar, y como tengo un prestigioso colega en mi Facultad de Economía y Empresa, el catedrático de Economía Aplicada: José María Serrano Sanz, con quien coinciden los dos nombres y el primer apellido, y para que no ocurra como suele alguna confusión cuando uno u otro dan conferencias o presentan libros, y sobre todo por merecimiento propio, sugeriría al autor (y al Ayuntamiento de Gargallo, si en ello conviene comparezca) que adoptara, bien merecidamente, como firma habitual, la de José María Serrano de Gargallo, como un puñado de escritores ilustres hicieron adoptando sus lugares de nacimiento o vida, sobre todo en el siglo XIX. Creo que ello sería muy bien recibido por muchos de sus paisanos, lectores y amigos, entre los que ya espero contarme.

E

loy Fernández Clemente

- ÍNDICE -

Introducción
A.C.AMIGOS DE LAS CALDERAS
Historía de un sendero
GARGALLO: LÉXICO Y TOPONIMIA Léxico en la villa Gargallo
Léxico respecto al castellano
(I)PALABRAS RECOGIDAS COMO ESPAÑOLAS EN EL DICC. AC.
(II) PALABRAS ARAGONESAS
CURIOSIDADES
INVESTIGANDO
CONCLUSIONES
RAFAEL ANDOLZ
GARGALLO: TOPONIMIA
Introducción
Notas
TOPÓNIMOS
CONCLUSIONES
APÉNDICE I
APÉNDICE II
BIBLIOGRAFÍA


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