José María Serrano - escritor

Gargallo


A un cántaro aragonés




Ya cayó la techumbre
del último corral junto a las eras,
ya las vigas quebradas,
se amontonan sobre las rotas tejas.

Me acerqué a contemplar las toscas ruinas
cierta tarde que paseaba solo,
cuando vi que tu boca me llamaba
pidiéndome socorro.
Te rescaté de la pesada carga
que aplastaba tu vientre,
y aunque sucio y cubierto por el polvo
estabas aún indemne.

Ahora vives tranquilo y sosegado
conmigo y mi nostalgia,
decorando la luz de mis sentidos
con historias pasadas.
¡Mi cántaro de barro!
Háblame de la plaza de mi pueblo,
de aquella fuente en su centro erguida
con seis caños de hierro.
Háblame de los mozos aguardando
el paso de las mozas por la esquina
en las cálidas tardes de verano
cuando el sol ya dormía.

Cántaro a la cadera
andaban ellas ondulando el aire
y ellos, muertos de amor,
perdían la mirada entre sus talles.
Me tienes que contar muchas más cosas;
aviva mi memoria,
que los años marchitan mis recuerdos
y hay nubes que la envuelven y la agobian.
Yo te haré una corona de laurel,
labraré para ti una cantarera
y darás homenaje permanente
a la mano alfarera
que modeló tu cuerpo
de un puñado de tierra,
amasada con el sudor ardiente
de la gente de bien aragonesa.

José Mª. Serrano.


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