José María Serrano - escritor

Gargallo


La ingrata quiromántica



Publicada en Cuadernos de Poesía nº. 3 c n el título
DESDE EL ÁNGULO MÁS OSCURO
Editorial La Fragua del Trovador - Zaragoza

¿Dónde están mis mejillas encendidas
por el rubor de palabras amorosas?
¿Dónde se oculta el brillo de mis ojos –
que a fuerza de deseo centelleaban?
¿Se agotó mi alegría?
¿Ha quemado mi aliento
el fuego abominable
de la desesperanza?
A ti acudí, fatídica sibila,
a buscar un oráculo propicio,
un talismán, un filtro que llenara
mi pecho, que jadeante, perdía poco a poco
el balsámico aroma que en él se cobijaba.
A tu puerta llamé, mendosa pitonisa,
en busca de consuelo, que al ominar mi sino
saliera de las dudas que me ahogaban.

Recuerdo tu semblante resoluto,
contrastando con mi ánimo indeciso.
Mis senos, virginales y leves,
no podían competir
con tus pechos altivamente túrgidos.
Tu túnica, de color cobrizo,
humillaba mi blusa azul celeste;
tus collares, de cuentas abultadas,
combatían por abrazar tu cuello;
del mío, acariciándolo,
un sencillo colgante plateado
señalaba mi nombre.

Me viene a la memoria
aquella estancia humeante,
oliendo hasta lo obsceno
del más impuro incienso,
y aquella luz difusa
proyectando las sombras
de abismales figuras.
Entonces, temerosa, quise huir,
pero mi cuerpo quedó paralizado.
"Lucinda" me llamaste repasando mi mano,
"porque es ese tu nombre ¿no es verdad?"
(me di cuenta después que lo habías leído)
"Veo que tu salud se debilita;
los nervios te devoran"
dijo la quiromántica
al verme tiritar de miedo.
Tan solo el amor, que aún henchía mi ser,
me dio ligera fuerza, y con trémula voz pude decir:
"No son los nervios lo que me importa ahora,
ni la salud, ni el insomnio que las noches
me hace pasar en vela.
Solo quiero saber si él todavía me ama,
pues siento menos dulces sus palabras,
sus dedos ya no rozan mi piel de igual manera
y su mirada se pierde con frecuencia en lo infinito.
"¿Y quién es él?" me preguntaste cínica.
"El es Frank, aquel que aviva mi semblante,
el principio y final de mi sosiego,
extremo de mi dicha y mi desgracia"
",Quieres decir Francisco?"
"Sí, Francisco será para la ingrata mujer que le posea.
Mas Frank, yo, acariciante y dulce voz,
repetiré mientras exista".
"Y ese Frank ¿es alto, de pelo ensortijado,
atlética figura, fuerte y moreno?".
"Sí, y luce en la barbilla un atractivo hoyuelo".
iAh vampiresa, ramera de las mancias!.
Aún escucho tu hueca risotada
reventando mis tímpanos.
Me dijiste, malvada, que Frank
era la imagen ficticia
que Francisco proyectaba en mis sueños,
y que al hombre jamás poseería,
por ser tú la dueña de su cuerpo,
de su alma y de su vida.
Ha pasado algún tiempo.
Ni soy prado sencido,
ni mis núbiles ojos se desmayan.
Cuando cojo la luna entre mis manos
la giro fríamente
para estudiar su cara oculta.
Aguardo que mis sueños se hagan hombre,
y me siento orgullosa
por ser, al fin, mujer.

José María Serrano


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