José María Serrano - escritor

Gargallo


Ser o soñar



Publicada en Cuadernos de Poesía nº. 3 con el título
DESDE EL ÁNGULO MÁS OSCURO
Editorial La Fragua del Trovador - Zaragoza



La zozobra convulsionaba mi ánimo impunemente.
Confiaba que en un preciso instante
apareciera el hilo suelto en mi cerebro
del cual tirar con delicado tacto
para, por fin, iluminarse toda,
con esplendor, solemnemente,
la oscurecida pantalla del recuerdo.
Fue una noche de atroces sacudidas,
de pegajosas sábanas y piel húmeda,
de luces y de sombras, confundidas
en un piélago de monstruos escamosos.
Oía ecos de voces quejumbrosas
entremezclarse con ayes y lamentos,
chirridos de goznes oxidados
y ruido de cadenas arrastrándose.
Ora, resplandecientes aureolas
de mágico diseño
arrobaban mi espíritu,
ora, terribles fogonazos me cegaban.
Deseaba salir de aquel nivel onírico,
abandonar el mundo de los sueños
y regresar, cuanto antes,
a aquel otro estado en el cual sabes,
o al memos crees saber,
que estás despierto.
Se hizo mi deseo madrugada
y la tímida luz languidecida
rayó con suavidad
el rígido cristal de mi ventana.
Despiertos los sentidos,
ordenando mis turbios pensamientos,
me dediqué a buscar aquel mensaje
que poderosos seres
desde otra dimensión del cosmos infinito
estaban enviándome como consuelo y guía.
¿Era yo, tal vez, un elegido?
¿Se hallaba mi futuro presagiado
en aquellos fantásticos ensueños?
Debía recordar, desenredar mis alucinaciones,
encontrar el eslabón perdido.
¡Vano intento?
Los escasísimos brotes del recuerdo
se perdían en un indescifrable laberinto.
Recordé a Shakespeare
e, invocando al genio de su numen,
le rogué me desvelara los secretos
del sueño de una noche de verano.
Pensé en Freud y requerí su ayuda
para que me explicara
la íntima relación entre mi ego,
mi super-ego y mi eros.
¡Inútil pretensión!
Desamparado, me miré en el espejo
y vi que aún era yo mismo.-
Apretando los puños lancé un grito
y el último demonio
abandonó el campo de mi sueño.
Encendí un cigarrillo
y chupé hasta henchir por completo mis pulmones.
"¡Qué fácil es soñar y qué difícil
dejar este vicio del tabaco!",
dije en voz alta moviendo la cabeza.
Y comencé a vestirme.

José María Serrano


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