José María Serrano - escritor

Gargallo


Simbiosis alfa-omega



Publicada en Cuadernos de Poesía nº. 3 con el título
DESDE EL ÁNGULO MÁS OSCURO
Editorial La Fragua del Trovador – Zaragoza



Aún hay aventurados
que guardan una gota de rocío
para depositarla suavemente
sobre el tórrido desierto,
permitiendo un hálito de vida.
Ellos son convocantes
que apuestan libremente
por el zumo pasional de la cultura.
Luego llega el tropel,
audaz, sediento de decir,
armado con inquietante gozo
de aromas y visiones.
Y completando el círculo,
portando los cedazos,
asoma en el proscenio
la más selecta juraduría.
Todo está ahí, cubierto de hojarasca.
Es preciso que el viento la remueva
para que deje vislumbrar una brizna de hierba.
Se desvanecen los miedos fantasmales
y brota el elixir de la conciencia.
En la espiritualidad
del más hondo rincón de cada ser
se encuentra todo.
Durante un lapso imprescindible
nos ha unido el destino.
Distintos, distantes,
y, sin embargo, tan cercanos.
Escuchad, pastores,
cómo balan las cándidas ovejas.
Elegid y otorgad sin temor,
uno a uno, con sosegada devoción,
pausadamente, aquello que os sacie.
desoyendo, bajo la lira de Orfeo,
a las pérfidas sirenas.
Resistid a su canto,
como sabéis hacer,
mientras bogáis en rápidos bateles
a través de pontos armoniosos
de acariciantes ondas perfumadas.
Conceder es vuestro privilegio,
desestimar también.
El mío es hacer sonar
las cuerdas de mi alma
hasta quedar exhausto.
Existe una intención en vuestros párpados
que no sucumbirá ante la flaqueza
de la fútil pulpa de un inmaturo fruto,
pues deseáis saciaros de ambrosía,
nacida únicamente del espíritu.
¿Es así como se narra la hermosura?
¿Quién es aquí el más fuerte,
vosotros con las sienes encendidas
justificando, sentenciando,
haciendo que el fiel de la balanza
se decante,
o yo, con mis bedejas erizadas
enfrascado en un atroz empeño?
Y el más libre, ¿quién es?
¿El que puede elegir.
el que debe juzgar,
el que habla sin saber,
el que sabe sin dar,
el que da sin querer?
¿Y el más sabio?
El más sabio,
mira al necio a los ojos
sin tener qué decirle.
Hacedme un sitio.
Sin preguntar ni hablar,
no habrá mayor silencio
que el que os entregue,
ni mayor respeto
que el que yo os tenga;
pero hacedme un sitio.
Concededme la dicha
de observar la emoción
que os embarga
aunque sea sin veros
y sin verme.
Si yo no me emociono,
no busquéis crueldad
en las comparaciones.
Se ha hecho tarde.
Que la fatiga no empañe vuestras lentes.
Dejad de degustar esos poemas,
que ya es hora.
Hay una incongruencia.
¿Qué imagináis entre lo blanco de los versos?
¿Los menudos y palpitantes senos
de una virgen?
¿A un trans combativo de equívoco lema?
¿A un vate sesudo de orejas agrandadas
por los años?
Entre lo blanco de los versos
hay un silencio prolongado y grave
inalcanzable, inviolable,
que a nadie corresponde prejuzgar.
Entre lo blanco de los versos
se oculta ese crisol incandescente
donde se funde todo aquello
que ningún poeta fue capaz de concebir.
También me oculto yo
entre lo blanco de los versos.
Las musas juegan
rodeadas de laurel.
Más allá de los bosques
triscan los unicornios.
Duerme Afrodita.
¿Qué cosa es poesía, juzgador?
Si no lo sabes, pestañea.
Si lo sabes, escribe la respuesta
en pétalos de rosa
y lánzalos al aire
a fin de que se enteren
todos los seres sidos.
Ha llegado la hora del café;
Parad. Ha llegado la hora del café, repito.
Os hago una solemne invitación
y una promesa.
La invitación: yo pago.
En cuanto a la promesa,
pensándolo mejor,
me vais a permitir que la retire
al no existir telúrico lugar
donde resulten invisibles
los rostros de los hombres,
pues, recordemos que, por ahora, somos
seres sin faz, ni olor, ni aliento.
Hay materia bullente en las palabras,
hay voces que fascinan,
aunque no sean nuestras,
y otras que emocionan sin remedio.
Todo gracias al manto horizontal
de los chaparros, entre los que destacan
encinas milenarias.
Y vosotros ahí, en justa alineación,
soportando el embate del poema.
Las dudas, disipándose como las nubes,
darán paso a las realidades.
Tras el secreto, sucederá la gloria,
el desencanto, o la pálida voz indiferente.
Pero hemos entre todos conseguido
romper la agonía de las sombras
Transeúntes en un viaje fugaz,
materia simbiótica
unidos por un magma idílico,
regresaremos a las realidades,
dando lugar, ya veis,
a la ingravidez de otra rutina,
aunque dejando atrás los lúmenes precisos
para una futura germinación.
Habrá un instante de añoranza, sí,
pero imprecisa y de candor escaso,
como así corresponde
a los momentos de los sueños.
Tal vez suceda un reencuentro
de nuevas y heroicas palpitaciones;
tal vez, nada es seguro,
pero al mundo finito
le aguarda el poder ilimitado del poema.

José Mª. Serrano


Webmaster: Jesùs Burillo Albero | http://josemariaserrano-escritor.es/pag03-45.html