José María Serrano - escritor

Gargallo


Elegía a Pedro Vila



El espliego en el monte florecido
el poleo entre rocas perfumado
Pedro Vila se aleja y va ascendiendo

por la senda del bienaventurado.
Siendo agosto el calor no te molesta
pues tu cuerpo del peso se ha librado.

Ya eres alma, mi amigo, que está presta
para esa paz que solo a los mortales
de buena voluntad está dispuesta.

Desterrados de ti todos los males
resides en la nueva dimensión
de las fuentes celestes y eternales,

que en la tierra no tiene parangón.
Si deseas peñascos o llanadas,
los tendrás sin ninguna dilación;

anchos lagos, arroyos y cascadas,
duros bojes, carrascas y sabinas,
corrales, parideras y majadas,

palomas, ruiseñores, golondrinas,
fauna y flora con solo un pensamiento,
dádivas abundantes y divinas.

Fuiste sencillo, Pedro, en el evento
fugaz y pasajero que es vivir,
y no te atormentaba el pensamiento

ni ambición ni tesoros, que al morir
solo es lastre, inútil equipaje
que no va a retrasarte tu partir.

Ya llevabas, amigo, tu bagaje
que te abriría paso en la frontera;
sólido y fuerte ha sido tu andamiaje:

tu mucha sensatez, tu vida austera,
tu gran amor a la naturaleza
tu cariño a los tuyos, tu solera.

Peregrino sin muestras de flaqueza
hacías tu camino y tu andadura
alabando la augusta realeza

del pueblo aragonés y su cultura.
Andar con Pedro como compañero
era correr la más bella aventura;

un palo, una mochila y un sombrero,
y al campo que te aguarda complaciente,
radiante, solitario y placentero.

Ahora estamos con Pedro en nuestra mente
al pie de la sabina milenaria,
y el nos mira con gesto complaciente

cómo alzamos al cielo esta plegaria,
en un acto de amor, pues le queremos
de manera sincera y solidaria.
Tú bien sabes que no te olvidaremos.

José María Serrano


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