José Mª. Serrano

Escritor

gargallo

Carta a Javier Poncela



Amigo Enrique:

La prueba de que cien años no son nada es que ya han transcurrido desde que viniste a este mundo, lo cual hiciste, por cierto, con el humor y el ingenio bajo el brazo.

En estas fechas estarás recibiendo muchas cartas, algunas de personajes anónimos que no llegaron a conocerte, como yo por ejemplo. Lo primero que se me ocurre decirte es que aunque se me pueda escapar alguna falta de ortografía, siempre he estado seguro, como tú, de que amor se escribe sin hache.

Supongo que con el paso del tiempo habrás cambiado, y si le pides a alguien que te espere, no le citarás en Siberia, como hacías en 1930, sino en el Paraíso, que es más calentito.

A los treinta años tenías alguna duda sobre la virginidad, y te preguntabas si alguna vez hubo once mil vírgenes. Claro que las hubo, hombre, y once mil quinientas también.

Sobre la "tournée" de Dios, a estas alturas ya sabrás lo que Él piensa.

Pasando al teatro, se me ocurre un chiste: No es lo mismo decir "Margarita, Armando y su padre" que "Margarita armando a su padre" ¿Comprendes el juego de palabras? Estabas en lo cierto al decir que "tenía ojos de mujer fatal". Hacia 1933 es lo único que se le podía ver a una mujer: los ojos. Ahora, en tanga, apreciarías que ella tenia además otras muchas cosas fatales.

Si "Angelina o el honor de un brigadier" es o no es una caricatura al. drama echegarayesco como algunos piensan, tú sabrás.

Yo creo que no son cinco las advertencias de Satanás, sino al menos cinco veces cinco; aunque pienso que todavía son insuficientes. Seguimos votando a los mismos políticos, a pesar de todo.

Hacia 1939 los maridos eran muy decentes, porque se iban y todos volvían a casa. Ahora algunos se van a comprar tabaco y ya no regresan.

No sé qué podía hacer la tal Eloísa debajo de un almendro, siendo que las higueras dan mejor sombra.

En 1941 decías que los ladrones eran gente honrada. Ahora, en 2001, muchos de ellos siguen pensando lo mismo.

Con "Los habitantes de la casa deshabitada" no estoy de acuerdo. O la casa está habita-da, o no lo está.

Tampoco estoy de acuerdo con que los corazones tengan freno y marcha atrás. La metáfora de comparación entre un automóvil y un corazón no me gusta, qué quieres que te diga. En estos tiempos llamar a las mujeres "sexo débil" está mal visto. Si hacia 1950 ellas ya hacían gimnasia, ahora mucho más. Les encanta el aeróbic, palabra que viene del inglés, como tantas otras. Me gustaría contarte en qué consiste, pero no tengo tiempo. A lo mejor se practica por ahí también.

Dices que antes los "tigres" se escondían en las alcobas. Ahora muchos maridos se han vuelto muy comprensivos y los amantes de sus esposas ya no se esconden.

Una última cosa: Con toda esa ingente cantidad de obra tuya ¿qué puedo escribir yo?

Cordialmente.

José María Serrano

------------ * ------------
Publicado en revista
BARATARIA - Zaragoza Junio 2001


Gargallo


Ermita de San Blas